"El varón es una sombra, un hueco magnificado por la imaginación de la mujer. Cuando ese hueco se encarna en un ser real, es a menudo una criatura decepcionante que provoca la desesperación de su pareja".
domingo, 13 de noviembre de 2011
Una cita: 19:05
martes, 1 de noviembre de 2011
La Calaca triste 21:38
muy triste en el panteón
otra vez un hombre
le había roto el corazón
Le dijo que la amaba
y desapareció
después, por un infarto,
la desdichada lo encontró.
Mientras viajaban al infierno
la Muerte se contuvo,
mas, cuando estaba por dejarlo,
la angustia la detuvo
"¿Por qué me abandonaste,
hombre que creí tierno?
¿Por qué, si yo te amo,
por qué me lastimaste?
El hombre, indiferente,
se dolía por otros males
"yo no fui un ser errante"
"no debo, por tanto,
recibir castigos tales"
y después miró a Catrina,
que lo observaba, expectante
y se dijo "es su culpa,
mira esta tan ardida".
"Mira, Catrina,
que todo esto es tu culpa,
yo no me comprometí contigo
lo nuestro era diversión pura
no quedé en llamarte
si eres un peligro
¿quién podría quererte,
estás tan flaca,
eres tan repugnante,
a mí el físico me importa
y tú nunca me gustaste".
"Y, además,
quieres que pague,
cuando te hice un favor
pretendiendo amor
te hice feliz
¿y me pagas así?
me mandas al infierno
yo, que fui tan tierno".
"Tenías que ser 'la'
tenías que ser mujer
con tus hormonas llevo
toditas las de perder.
Tu trabajo es para un hombre
que no involucre el ego
y el dolor
propios de tu género.
Un macho que sea objetivo
que la seriedad sea su estilo
no una menopáusica sentimental".
La calaca sintió puñaladas
con todas esas palabras
y después sintió coraje
de lo que escuchó pronunciar
"El averno te corresponde,
yo solo te llevo,
y la ofensa a la Muerte,
te reafirma merecedor de ello".
"Yo podría haber intercedido
si respetarme hubieras
pero ahora estás perdido
en el infierno te quedas.
No son las hormonas,
ni mi condición femenina
es que unas veces vas arriba,
y otras, como hoy, abajo te toca
y abajo te quedas".
lunes, 24 de octubre de 2011
Amazona 0:08
Sí, sé que a veces nosotras tomamos partido, pero los casos que cité tienen que ver con el sentido común, además de las diferencias de género.
No todos los errores los atribuyo a ellos. Desafortunadamente, al momento de solidarizarse, las otras mujeres se desunen porque están desesperadas por un hombre, quien sea, como sea, cuando sea.
Así que, sin querer, me metí en una Guerra Fría contra los hombres. Simplemente, estoy cansada de que lleguen a complicar mi vida. Si las historias que me contaron tienen algo en común, es que la palabra engaño siempre estuvo, explícita o implícitamente, involucrada como verbo, verboide y sustativo. No es que mi muestra esté sesgada por la edad (conozco historias que involucran hombres de todas las edades), o mis fuentes de información estén constituidas por mujeres solas, sentimentales, idiotas o nómadas. No.
Así que yo también tengo mis dramas personales, y definitivamente ahorita quisiera convertirme en una amazona.
lunes, 18 de octubre de 2010
De Casanovas y mujeres necias 8:12
A este hombre no se le ha resistido ninguna mujer. Ellas son trofeos para él tal como él es para ellas. ¿Es particularmente guapo? No. ¿Particularmente inteligente? No (aunque se necesita mucha audacia para lo que ejecuta con éxito el 100 por ciento de las ocasiones). Yo les diría que es un hombre absolutamente común y corriente.
Este pensamiento me llevó a recordar esa estadística desesperanzadora para cualquier mujer que tenga por valor la fidelidad de que, por cada miembro del género masculino, hay siete féminas. Entonces, si ese hombre completamente normal puede tener a cualquier mujer que se le ha antojado (y algunas verdaderamente valiosas), ¿quiere decir que cualquier macho tiene esa posibilidad? Y, si es así, ¿el futuro de la hembra enamorada es confiar en el buen juicio de su hombre enamorado? Luego, estamos jodidas. No es que esta autora sea afecta a las generalizaciones, sin embargo la experiencia y la observación la han llevado a darse cuenta de que, desafortunadamente, los hombres se rinden a la tentación (por mínima que ésta sea) sin importar si están enamorados o si es una tentación auto infringida, porque en varias ocasiones las mujeres solamente están ahí, cual cebras bebiendo agua, y es el depredador quien las toma, desprevenidas, por el cuello.
Ni hablar de enjaularlos y aislarlos de las otras porque sería una privación de la libertad, además de un incentivo extra para que ellos se harten y busquen otra. Entonces no valdría ningún argumento, nosotras seríamos las infames que se jugaron el amor con sus métodos hitlerianos.
En realidad, dejando a un lado que la naturaleza predomina y que los hombres son completamente animales en el primer nivel de la carnalidad, el problema es que nosotras lo permitimos. ¿Cómo lo permitimos? Incentivando a esos Casanovas. Permitiendo que nos besen, nos lleven a la cama.
Esto no es un discurso moralino, es más bien práctico. Si bien es cierto que cada quien es responsable de sus decisiones y que las relaciones son de dos aunque uno de ellos busque un tercero, la realidad también es que ellos siguen buscando porque encuentran, y porque resulta comodísimo estar con una y con otra y con otra mientras tienen a una más de fijo.
La solución de la "ruina de las mujeres" (y la autora lo entrecomilla porque no son sus palabras, menos sus pensamientos) son las mujeres mismas). Si la queja eternas que los hombres no piensan sino con la cabeza de abajo, es decir que se dn llevar por sus instintos, es justo y necesario que nosotras también dejemos de hacerlo. "Me sentía sola" es tan válido como "Estaba bien rica". Si nos lo permitimos, entonces permitámoselo a ellos.
Sor Juana tenía toda la razón cuando juzga a ls hombres en su "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sóis la ocasión de lo mismo que culpáis..."
Sin embargo, les propongo una variante de su genialidad:
"Mujeres necias que acusáis al hombre sin razón, sin ver que sóis la ocasión de lo mismo que culpáis..."
jueves, 13 de mayo de 2010
Hombres necios... 9:35
Y conste que en este caso todas somos guapas, abrumadoramente divertidas, inteligentes, buenas personas y, aún así, solteras.
A mí la soltería me resulta muy cómoda. Me gusta. Cuando me invitan a salir, no, no, antes de eso, cuando me doy cuenta de que alguien me acecha, me pongo en alerta. Mando las señales claras: me gusta la soltería y sólo un candidato muy poderoso me hará cambiar de parecer. Tú no eres ese alguien. Así nadie pierde el tiempo.
No son los hombres los que me dan flojera, son las otras mujeres. En este mundo hay tantos hombres, y aún así, no importa cuán idiota, horripilante y aburrido sea el ejemplar masculino, si está ocupado, hay alguna otra rondando en espera de ganarlo en un descuido de su "contrincante". Y lo peor es que en algunas ocasiones los hombres se rinden ante los encantos aparentes y la novedad de esa otra, y una, inteligente, guapa, divertida, buena persona, se queda triste y sola, consciente de que la cambiaron por otra infinitamente peor. Y si no, si la relación persiste, hay que estar bateando competencia. Aunque ellos digan que no, que te quieren, no hay certezas.
Por eso soy soltera. Porque no ha llegado un hombre que me haga pensar que vale a pena dar batalla para mantenerlo a mi lado. Porque, salvo uno o dos casos excepcionales, aquellos hombres a quienes consideré valiosos -no necesariamente compatibles conmigo, pero valiosos- están ahora con mujeres trofeo o con mujeres desleales con su propio género que le bajaron el novio a su prójima. Por supuesto, estoy convencida de que la gente con la que uno elige estar habla de uno, por lo que no respeto más a ésos a quienes consideré valiosos en una época.
lunes, 25 de enero de 2010
I don't get you 20:26
Me encanta la diversidad. Quizá porque no soy veterinaria o soy observadora en otros sentidos, sin embargo me sorprende la diversidad que existe en la raza humana. Tengo dos tortugas, Mine y Min, y a pesar de que son distintas y conozco sus distinciones, la realidad es que no me parece que éstas sean tan tan grandes como las propias de los seres humanos.
Sin duda, más allá de las diferencias físicas, me impactan las mentales. Tantas formas de pensar que existen a raíz del desarrollo de muchas culturas. Todas las diferencias de género. Esto viene para iniciar el abordaje del mismo tema que he tratado tantas veces y que sigue estando presente en mi vida: los hombres. Los hombres que son tan diferentes de las mujeres. No importa que encuentres a uno con quien compartas gustos musicales, expectativas de vida, colores preferidos o sensibilidad absoluta, siempre habrá un abismo de esencia. Esto de que para los hombres no signifique no los simplifica demasiado, sobre todo porque existen muchos casos en los que no, para ellos, sí quiere decir otra cosa.
El lunes pasado estaba en un café con tres de mis amigas. Una de ellas está leyendo un libro que da consejos para tratar con los hombres, y otra abrió el libro y leyó una frase que decía algo así como que los hombres son simples y es nuestra perspectiva femenina la que los distorsiona hasta convertirlos en seres complicados. O sea, todo depende del cristal con el que se mire.
Pero yo los he mirado con el cristal de la simplicidad –sí, he intentando abandonar, en la medida de lo posible, mi contexto femenino, incluso mi esencia de mujer – y siempre rompen con la “armonía” de la simplicidad.
Hay quienes me califican como una persona compleja, a pesar de que no es muy difícil descifrarme. No soy misteriosa, así que no entiendo por qué me llaman complicada. Solamente soy yo. Así como soy, y siempre he vivido conmigo. Así que supongo que eso le pasa a cada una de las personas. Quizá los complicados no se sienten complicados y los tontos no se sienten tan tontos como los demás los ven.
Still, I don’t get them. Disfruto su compañía, amo a mis amigos, pero hay cosas que simplemente no me entran en la cabeza. En fin, creo que este tema jamás tendrá fin. Por ejemplo, tengo un amigo con quien ya tiré la toalla y mejor empiezo el proceso de resignación. De plano no va a ser considerado. Pero cómo él, otros tampoco lo son. Comparto experiencias con mis amigas y todas dicen lo mismo: “Fulanito le he dicho 100 mil veces esto y sigue haciéndolo”.
Y no digo que sean tontos, porque no lo creo en lo absoluto. De hecho y afortunadamente, estoy rodeada de hombres inteligentes. Es simplemente que nuestra intuición funciona de manera distinta, y luego yo me desespero y quiero saber qué tienen en la cabeza. Me matan de curiosidad. Si hubiera un genio de la botella y me concediera un deseo, le pediría que me dejara entrar en la cabeza de cierto hombre para saber qué piensa y cómo piensa.
domingo, 7 de diciembre de 2008
Adonis sí existe 19:23
Aquí les dejo unas fotografías para que enloquezcan como yo.


lunes, 2 de junio de 2008
lunes, 24 de marzo de 2008
My Boys 12:27
Es una serie acerca de una mujer cuyo círculo de amigos es prácticamente de hombres. Su mejor amigo, su hermano, sus "buddies", todos hombres. Sólo tiene una amiga mujer... en fin, las noches de póker son en su casa, van a bares deportivos, todo el ambiente masculino heterosexual que pueda ilustrarse en una serie, ahí está.
El sábado por la mañana la estaba viendo y, aunque el capítulo no tenía mucho que ver conmigo, me di cuenta que esa serie es perfecta para ilustrar mi situación actual: aunque sí tengo muchas amigas mujeres, lo cierto es que últimamente no hablo ni salgo mucho con ellas. Estoy con mis amigos. With my boys.
Me gusta. Me gusta mucho. Sin embargo también extraño esa parte femenina inherente en mí y que últimamente he reprimido un poco porque no tengo con quien compartirla. Quiero hablar del vestido de graduación con alguien que me entienda y no con quienes me preguntan: "¿Por qué te preocupas desde ahorita si falta mucho todavía?".
En este periodo en el que he estado tanto tiempo inmersa en el mundo masculino me he dado cuenta que, por maravillosos que son los hombres y por más amigo que me haya convertido, siempre seré mujer. Siempre habrá partes que ellos no comprendan y que yo no comprenda de ellos.
Somos diferentes y por eso me gusta estar con ellos. No quiero ser el amigo sino quiero ser la amiga a quien le tienen confianza sin rebasar los límites del respeto. Porque con el respeto viene también el cariño y la confianza. No quiero ser la niña que corre atrás de los niños, quiero ser la niña que corre con ellos.
Quiero jugar y beber cerveza con ellos, pero no quiero que me confundan. Tengo muchas cosas que me distinguen y que me hacen ser mujer. Y amo mi condición de mujer tanto como me gusta pasar tiempo con My Boys.
viernes, 21 de marzo de 2008
El extraño mundo de los hombres 21:53
En fin, la segunda razón por la que fue enriquecedora es porque entré al misterioso mundo masculino. En esos tres días una "niña" entró en el Club de Toby multigeneracional.
No sé si todos los hombres son iguales -bueno, sí lo sé y por supuesto que no- pero me doy cuenta que el universo masculino es completamente distinto del femenino. No digo que sea mejor, simplemente es diferente. El respeto se demuestra de otra manera, menos hipócrita y más honesta, y el afecto es más actuado y mucho menos hablado.
Me desconcertó un poco. Entrar como un integrante más y no en mi condición de género femenino fue extraño y en ocasiones frustrante. Pero gracias a eso me sumergí en eso de lo que hablan que para nosotras resulta un misterio. En su manera de pensar que es directa, contrario a lo que nosotras imaginamos. Convivir con hombres hasta para dormir ha sido una de las mejores experiencias de los últimos tiempos. Pero todavía no la digiero bien...
viernes, 4 de enero de 2008
Encuentros 20:46
La vez más fuerte fue cuando me dejé engañar por la discapacidad de un individuo: estaba yo transbordando de la línea 1 a la naranja en Tacubaya. Mi mente estaba distraída porque creía que tal vez aquéllos serían los últimos días de mi estancia en la universidad, ya que me había ido a un extraordinario. Como nunca me había pasado esa vergüenza la exageré al máximo, pero mi beca peligraba y mi congoja crecía cada vez que lo recordaba.
En esas cuitas pensaba cuando caminaba ya sobre el andén. Generalmente me voy en el primer vagón porque está vacío. Entonces, mientras esperaba que el tren llegara, un hombre me saludó de lejos. Yo, distraída, le devolví el saludo. De lejos se notaba que tenía algún problema físico porque caminaba cojo. Pero rápidamente llegó adonde yo me encontraba.
- Hola- dijo extendiéndome la mano-. Me llamo Aurelio.
- Hola-. Contesté estrechándosela.
Tanto por su forma de hablar como por sus ojos desorbitados me di cuenta que era una persona discapacitada. Además, cuando nuestras manos se cruzaron noté que sólo usaba tres de los cinco dedos, y que los otros dos que no empleaba no estaban completamente desarrollados.
Entonces me preguntó "¿Te puedo dar un abrazo?", y yo contesté que cómo podía consentir un abrazo si ni siquiera nos conocíamos. Me volvió a decir su nombre y me preguntó el mío. Lo entendió mal. Me preguntó si podíamos abordar el siguiente metro pero yo contesté que me urgía tomarlo. Me agarró de la mano y entramos.
- ¿En cuál te bajas?
Como empezaba a darme mala espina, contesté que me bajaba en la siguiente estación. Aurelio me dijo que él se bajaba una después que yo. Que trabajaba en un súper mercado en el área de bebés. Quise separar nuestras manos pero cuando intenté hacerlo me di cuenta que había desarrollado una fuerza impresionante en los tres dedos. Al fin pude liberar mi mano y él me preguntó por qué la separaba. Contesté que necesitaba aferrarme al barandal para no caerme.
Cuando llegamos a la siguiente estación me despedí para bajarme.
- Te acompaño.
Sin acceder, bajó conmigo y volvió a tomarme la mano. Una vez en el andén me di cuenta que esperaba a que éste se quedara solo. Entonces comenzó a hablar. Me dijo que estaba muy bonita y que me agradecía que alguien como yo se hubiera atrevido a hablar con alguien como él, porque la gente le huía y lo ignoraba -por supuesto en ese momento yo pensaba que debía haber hecho lo que los demás- y que quería despedirse con un abrazo.
Por un momento pasó por mi cabeza que me asaltaría, así que accedí al abrazo pero apreté mi bolsa con la mano derecha. Aurelio apartó mi mano de la bolsa y la dirigió hacia su espalda baja. Me susurró al oído frases hechas dignas de Juan El Escamoso y me pidió que le diera un beso en la mejilla. A punto del llanto de desesperación, lo besé, pero cuando lo hice volteó la cara. Alcancé a quitarme, sin embargo el hombre juntaba su pelvis a la mía y por más que quería separarme mis piernas se congelaron de los nervios y era mucho más fuerte de lo que yo hubiera pensado. Cuando separaba su rostro me miraba los labios y entonces se acercaba como para besármelos, hasta que finalmente pude separarme y me eché a correr.
Recuerdo que aún me gritó: "Yo salgo a las 9. ¿Nos podemos encontrar aquí?"
Me escondí y cuando llegó el siguiente tren me subí hasta atrás.

El episodio me traumó. Sin embargo cuando lo conté causó gracia: un discapacitado con la mano mala había intentado aprovecharse de mí, una mujer mucho más grande que él.
Cuando el peligro pasó, lo que verdaderamente me entristeció fue que se aprovechó de su condición para hacer todo lo que hizo, y que yo fui lo suficientemente estúpida como para permitirlo.
Fotografías: http://4.bp.blogspot.com