lunes, 28 de abril de 2008

El paraguayo

Estaba la mamá de una amiga jugando 100 mexicanos dijeron con sus primos y sobrinos.

La categoría era: "Luchadores mexicanos"

La sobrina le sopla a la mamá: "el perro aguayo"

Y la mamá grita: "El paraguayooo"

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA


Aquí les dejo al "paraguayo"

domingo, 27 de abril de 2008

Status

Aunque la rehabilitación está sucediendo debo decir que tengo una sensación de vacío constante. He aprendido a vivir con ella pero el punto no es aprender, sino erradicarla. Trabajo en eso, aunque para ser honesta ahorita continúo bloqueada.

Me siento como en una lucha para sellar la caja de Pandora, pero en este caso me parece que sellarla no es la mejor opción. Pero el miedo real es quedarme con esta obsesión. No sé cómo sacármela... llevo mucho tiempo sin llorar, y hay días en que me siento extraordinariamente bien. Sin embargo, por la noche sueño con situaciones hipotéticas o con recuerdos. Como la notificación de que el reflejo de esta persona continúa...

No es sano. He gastado ya mucho tiempo pensando en él como para seguir aquí, estancada. Aún cuando me cuesta trabajo pronunciar el nombre, hago un esfuerzo casi sobrehumano para recordar su tacto y parece que lo he olvidado. No obstante, una parte de mí sigue atormentada por el manojo de contradicciones en el que me he convertido.

No es que sea infeliz, es que me estoy convirtiendo en lo único que no quería ser en la vida: conformista.

Celos

El primer paso es admitirlo así que sí, efectivamente, estoy celosa. No me lo puedo sacar del sistema. Estoy muy celosa. Pero no son celos de "eres mío, te amo", sino más bien son celos de "¿qué pasó? Ya no me pones la misma atención".

Tengo celos con mi mejor amigo, que últimamente no me pela, ni me habla, y parece estar poco interesado en mí. He pensado decírselo pero la verdad es que no le veo el punto, porque al final son mis sentimientos y mis inseguridades, y si soy buena amiga entonces aquí estaré cuando quiera hablar y preguntarme o contarme algo.

Aún así se siente feo. Siento doblemente feo porque además de la culpabilidad que me da sentir celos, los celos per se son espantosooooos.

Mejor me alejo un ratito, hasta que se me quiten o me acostumbre a que la relación ha cambiado. Simple y sencillo, y menos doloroso para mi corazoncito frágil y amistoso.

viernes, 25 de abril de 2008

Tras la celosía

Tras la celosía
Naguib Mahfuz

Naguib Mahfuz es el autor de "Tras la celosía", que narra la historia de Ahmad Akif, un musulmán egipcio que ya tiene 40 años y sacrifficó su vida en pos de su familia, y vivió oculto bajo su propia timidez y su inconformidad con la sociedad que no reconoce su genio.

La novela comienza con la mudanza de la familia Akif al barrio Kahn el Kahlil, debido a que el suyo corría peligro de ser bombardeado -la historia se desarrolla en 1942, año marcado por la Segunda Guerra Mundial-. Este nuevo vecindario se sitúa en el Cairo viejo. La vida de Ahmad se hace más soportable gracias a las reuniones de café, y a la presencia de Nawal, una vecina suya de escasos 16 años de quien se enamora perdidamente.

Todo parece indicar correspondencia, pero su timidez no le permite pedirla en matrimonio. Cuando el hermano de Ahmad, Ruchdi Akif, llega a la ciudad, Nawal y él se envuelven en una relación amorosa de la que el hermano mayor es testigo. Sin embargo, la vida de todos dará un vuelco inesperado.

La narrativa de Naguib Mahfuz es genial. Aunque al principio parece que Ahmad es un mal hombre, a lo largo del libro demuestra que es completamente humano: con todas las sensaciones experimentadas a flor de piel, la lucha contra uno mismo por no tener rencor hacia un ser querido, la búsqueda de la felicidad...

Lo disfruté muchísimo. Sobre todo las últimas 100 páginas del libro fueron inesperadas, intempestivas, dolorosas. Sin embargo el principio tiene más sabor: el relato de las costumbres de un país lejano y diferente del mío. El humor natural de una conversación bien lograda que uno recrea de manera auditiva, como si la hubiera escuchado en verdad.

Es una joya de humanidad. Una reivindicación de lo que se piensa con respecto a la religión musulmana. Al final, todo se reduce a lo mismo: la humanidad.

lunes, 21 de abril de 2008

Otra de Beirut

sábado, 19 de abril de 2008

Carta

Esto lo escribí en septiembre de 2007. Se me ocurrió publicarlo porque a lo mejor servía transcribirlo del cuaderno a la computadora. De otra manera no lo hubiera leído. De algo debe servir. La carta no tiene modificaciones. Está tal cual la hice.

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En general eres un recuerdo lejano. Siento como si me hubiera inventado tu voz y tus blancas manos toscas y perfectas. Me pareces una idea que de pronto se tornó real y tan dueña de sí misma que me dio el golpe por la espalda.

Me evoco junto a ti como aquella que no regresará nunca. Como el sueño de inocencia que se desvaneció entre tus dedos y mi inconciencia, como la niña que creció contigo, o tal vez gracias a ti.

Cuando lo pienso bien me doy cuenta que hasta la mirada ha cambiado. Sentía los ojos más grandes cuando te observaba, más propensos a la sorpresa, más alegres, más pícaros. Ahora respiran la insoportable serenidad de la monotonía. Observan sólo para encontrarte, para congelar el tiempo en los instantes en que te veían pero la memoria ¡implacable! evita a toda costa que mis ojos te miren otra vez.

La memoria y las coincidencias se han unido. No te encuentro en los lugares que hace no tanto frecuentábamos. Como si el intento de borrarte fuera tal que las coincidencias me hubieran dado la cruel, aunque útil concesión de no toparme contigo.

Desde que me fui, perturbada, mi vida ha mejorado de manera gradual. Pero la niña que era niña de ojos dulces se ha perdido por completo mirando al cielo. La niña que era niña de corazón blando se ha quedado en los recuerdos, reviviendo aquellas situaciones en que podía estar contigo.

Y yo seguí creciendo. Tal vez perdida en un sentido, desubicada en el mismo. Traté de opacar tu imagen sustituyéndola con siete imágenes más. Enterré a la niña juguetona y me convertí en este intento de mujer independiente y poco necesitada de algo más que los instintos básicos satisfechos.

Me hundí en el sarcasmo como única reacción de libertad. Me aferré a tantas estupideces para seguir la vida que por mi huida, a pie juntillas, no encuentro cómo sustituirte.

Aunque mi amor por ti se ha terminado siento el hueco que ocupaste antaño. Sin querer te busco ocasionalmente en los gestos de la gente, en los niños que podrían ser tuyos, en los que me gustaría que fueran míos.

A veces despierta la costumbre antigua de planear futuro a tu lado. De conjugar los tiempos en el primero del plural.

Tengo un amigo que dice que soy como un hombre porque cuando estoy con alguien me incomodo, quiero irme rápido y me aterra el compromiso. Pero eso jamás pasó contigo. No existía yo pragmática, sólo yo idealista, romántica y llena de amor por ti.

Y ya no te veo, y es como si no existieras y yo no existiera para ti. Sigues tu vida sin mí, y yo continúo rodando como hoja al viento.

Pero el recuerdo regresa a veces y con él la añoranza y el cariño. De pronto el frenesí retumba en mis entrañas como si el tiempo regresara a los días en que no te tuve, pero desesperadamente me engañaba y me gustaba creer que sí.

Ya se me ha hecho costumbre que alguna palabra, olor o cosa vista desde algún ángulo específico me recuerde a ti. En el cerebro se detonan las situaciones escondidas que viví contigo. En cuatro años de tormento acaricié la esperanza de correspondencia de un amor que me afligía. De pronto me sentía tan querida, tan necesitada, que me parecía suficiente para un mes de quererte y necesitarte a ti.

Un año, siete meses y cuatro días han pasado desde aquel fatídico día. Muchas más que una semana he esperado curarme de ti. Mi oda al dolor que siento fue abandonarte y abandonar la parte de mí que se quedó contigo.

Desde que ya no está la ilusión de ti se me fue también la ilusión de un niño: me imaginaba –loca, obsesiva- a un bebé con tu color de ojos y la forma de los míos. Con tu nariz perfecta y mis labios. Tan alto como tú y moreno como yo, que se apellidara __________ Ramos y se llamara Santiago, porque a ambos nos gustaba el nombre. Estaba dispuesta a ceder que quisieras una niña llamada Andrea, a pesar de lo mucho que el nombre me desagrada. O pensaba tener más para tener a Ana.

Quería una casa en la Condesa y la idea de vivir ahí –no sé si conmigo o sin mí- no te desagradaba, aunque tú querías irte a Canadá y poner una tienda como Docker’s o Dillar’s. Yo moría por tener una librería de viejo.

Nos imaginaba discutiendo, como siempre fue nuestra naturaleza, pero no en frente de los niños. Y luego el make up sex, tampoco en frente de ellos.

Creía que aprenderíamos juntos. No tenía ningún problema con pensar que en todo serías mi único. Porque eres mi único elegido, el compañero y testigo que en realidad sería el “co-forjador” de mi vida.

De pronto cuando te decía que me moriría joven veía cómo escondías el miedo que te daba. De inmediato, con toda la autoridad del mundo, como si fueras vidente, me decías: “Claro que no Danila, los dos vamos a ser viejos fumadores y tomaremos mucho café”. ¡Con cuántas ganas esperaba entonces la vejez! Me vislumbraba señora de faldas y cabello blanco y corto, acompañada de un hombre alto, aunque ya jorobado y con bastón; arrugado y con la piel rojiza y bronceada por el tiempo. Tal vez tendríamos una casa campirana o en la playa. O, si pensaba con más detalle o más fortuna, nos retiraríamos a Mérida o Grecia.

Pero la verdadera pregunta –retórica, claro está- es cómo hacer para reconstruir el futuro tan minuciosamente imaginado contigo? No es que no quiera pensar en él, es simplemente que me faltan ganas de experimentar, de volver a creer que puedo ser feliz con una vida normal y cotidiana.

Extraño sentirme, aunque por momentos efímeros, el centro de un mundo que era nuestro. Pero también me pesaba que lo negaras a los demás. Echo de menos la casa que me forjé en tus brazos, nuestro lenguaje de señas donde yo te decía que te quería cuando peleábamos, y tú me decías que me querías cuando te levantabas tras de mí después de haberme hecho enojar.

Te desprecio. Pero te desprecio menos que lo que quiero al niño precioso que conocí y me dejó prendada desde el principio. Aunque fuera breve, la magia de los buenos momentos aún le gana a la amargura que me embarga y que se ha instalado en mi alma.

Te desprecio a ti, al de ahora, no al tierno que me hacía sentir segura y protegida. Desprecio ese lado de ti que ahora es el poderoso, aquél al que antaño derrotabas con tal de verme bien. Desprecio tu egoísmo. A éste de ahora no lo quiero ya, lo aborrezco por haberme quitado al otro.

Por mucho que quiera verte, entiendo que sólo el cuerpo es el mismo y que ha sido ocupado por un agente extraño que no sólo me odia, sino que además se ha encargado de borrar al niño que estaba en ti, y por ende a la niña que creció contigo.

Por más que te evoque, ése con quien quería pasar el resto de mis días en el mundo, aquél que me hubiera dado serenidad para la existencia eterna en el infierno, no existe más.

Hasta ahí llegué contigo. Hasta el punto de perdernos juntos. Tú te perdiste antes que yo pero no me lo dijiste, y cuando yo me enteré me perdí también… supongo que la niña corrió a buscarte porque prefería estar contigo que conmigo. Ellos dos huyeron antes que aceptar ser parte de lo que nos hemos convertido.

Espero, al menos, que mi infelicidad sea sólo sacrificio para que la niña, donde quiera que esté, sea feliz con aquel niño de oro que le cambió la vida.

Aunque sea en mi mente, aunque sea en mi mente.

Septiembre, 2007.

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Bloqueo

No hago nada por desbloquear mi mente para que me duela bien, y después del dolor pueda dejarlo ir. Mi mamá me trajo unas Doris. La marca de papas fritas que comía en la preparatoria. Unas Doris y una coca. Y como si mi mente lograra desviarse del objetivo por completo, aunque una parte de mí quisiera guiarlo a recordar la preparatoria en plenitud, no lo consigo.

Evado el tema. Aún en este momento en que lo escribo, el nombre se me cuela del recuerdo pero a pesar de eso no consigo decírmelo. Es una lucha interna que gana el bloqueo.

Pero es un bloqueo aparente. Porque escucho canciones tristes a propósito. Las canto fuerte para desahogarme y sin embargo no consigo llorar. A pesar de que esto es reciente -sucedió la primera semana de abril- y que hace no mucho estaba llorando al respecto, ahora no consigo derramar una sola lágrima.

Tampoco he gritado. Cuando empecé con este diario de dolor escribí que mi alma gritaba constantemente aunque yo estuviera en silencio. Permanece en un alarido constante que comienza a manifestarse en el estómago encogido y dolores de cabeza periódicos.

Pero no pienso en mi pasado. Y le conté a una amiga -la Ninfa- como si fuera un robot, como en automático. Y creo que dije su nombre pocas -tal vez ninguna- veces durante la narración.

Traerlo en estos momentos sería como abrir la caja de Pandora. Aunque sé que necesito pensar en lo que pasó para dejarlo ir, necesito reconocer que estos años me he culpado de algo que no podía saber, y que no puedo entender porque nunca me fue explicado. Todos esos años no fui suficiente porque no me sentí suficiente, pero también porque no era lo que él buscaba.

Él. Un él que me cambió la vida. Pero ahorita lo digo como se dice cualquier nimiedad. No me lo creo. Porque los recuerdos están ahí, enterrados por la evasión. En mi cabeza habita un fantasma de ideas que da vueltas pero que no me deja ordenar mis ideas para salir de aquí. Ese fantasma soy yo misma.

miércoles, 16 de abril de 2008

El tema...

No me acuerdo si ya lo escribí pero la verdad es que últimamente me he dado cuenta del alcance de nuestras palabras. Somos herreros y nos dan muerte con ellas. Espadas de dos filos. Criticamos, damos consejos, nos llenamos la boca de reproches, pero al final no queremos que nos critiquen o que nos reprochen.

Todo comenzó con una conversación que tuve con una amiga. Estábamos aclarando nuestros asuntos y me contó que dos amigas -a quienes consider(aba, o) amigas- habían dicho cosas que desencadenaron nuestros problemas -los de la amiga1 y su servidora-. Después hubo un problema en el salón por una pregunta que se tergiversó hasta convertirse en una intriga. Luego me dan consejos, los sigo y tras -claro que está en mí seguirlos, no culpo a nadie-.

Me parece que esto es muy ilustrativo: no sabemos hablar. No conocemos la prudencia, que significa quedarnos callados cuando no son nuestros asuntos, o cuando conocemos cosas que no deberíamos saber.

Decimos de más. Sin darnos cuenta cuál será el alcance real de nuestras palabras, porque generalmente las expresamos a gente para quienes somos importantes y en cuyas vidas hemos influido.

Cuando aconsejamos lo hacemos desde nuestra perspectiva. Desde nuestras vivencias, y aunque intentemos ponernos en los zapatos del otro, la realidad es que somos subjetivos y siempre -aunque sea mínimamente-, aunque conozcamos a detalle la situación de quien nos pide consejo, nuestra opinión estará sesgada.

Confundimos consejo con opinión, y en los asuntos ajenos la opinión sobra -no digo que no deba existir, sólo que sobra-. No sobran orejas, no sobra para quien tiene necesidad de ser escuchado, hombros para desahogarse. Eso nunca sobra porque, al final de cuentas, es cierto que mientras más se cuenta, las cosas van desechándose y perdiendo valor -por eso los secretos son tan importantes-.

¿Disculpé a mis amigas? Están tan disculpadas que ni siquiera se dieron cuenta de que me enteré de lo que hicieron. No me interesa. De vez en cuando la vida nos da la oportunidad de poner las cosas en su justa dimensión, y me di cuenta que las razones de mi enojo eran válidas, pero que realmente no me importaba tanto.

martes, 15 de abril de 2008

A mi mamá

Mi mamá se siente especialmente emocionada por el concurso de cuento que gané. Ayer me envió una copia del correo que envió a sus amigos, donde dice que se siente muy orgullosa de mí.

Yo quiero agradecer a mi mamá que siempre ha estado ahí, que nos ha sacado adelante sola y que jamás me ha negado las cosas que importan. Siempre me ha apoyado aún cuando la gente nos dice que de escritora me moriré de hambre.

Ella siempre ha estado ahí, al pie del cañón, lidiando con la hija hipersensible que le tocó como si lidiar no fuera el verbo indicado. Así que con la garantía de tener una pilar tan fuerte como ella, la construcción no puede ser menos que un rascacielos...

Y siempre será un rascacielos que comenzó ella. Siempre que triunfe pensaré en ella.

Gracias mamá.

lunes, 14 de abril de 2008

Triunfo

Gané el concurso de cuento. Así. Lo mandé el mes pasado y me avisaron que gané. Lo publicaron en la página. Gané. PIenso que hasta que algo bueno sale de aquella relación tormentosa. Gané con "El ritual", un cuento que tenía como base mi relación de cuatro años.

y gané. Gané. GANÉ.

domingo, 13 de abril de 2008

Who knew

By Pink

You took my hand
You showed me how
You promised me you'd be around
Uh huh
That's right
I took your words
And I believed
In everything
You said to me
Yeah huh
That's right

If someone said three years from now
You'd be long gone
I'd stand up and punch them out
Cause they're all wrong
I know better
Cause you said forever
And ever
Who knew

Remember when we were such fools
And so convinced and just too cool
Oh no
No no
I wish I could touch you again
I wish I could still call you friend
I'd give anything

When someone said count your blessings now
'fore they're long gone
I guess I just didn't know how
I was all wrong
They knew better
Still you said forever
And ever
Who knew

Yeah yeah
I'll keep you locked in my head
Until we meet again
Until we
Until we meet again
And I won't forget you my friend
What happened

If someone said three years from now
You'd be long gone
I'd stand up and punch them out
Cause they're all wrong and
That last kiss
I'll cherish
Until we meet again
And time makes
It harder
I wish I could remember
But I keep
Your memory
You visit me in my sleep
My darling
Who knew

viernes, 11 de abril de 2008

La blusa azul

La oficina está llena de jeans los viernes. Yo uso jeans casi diario, pero la mayoría de la gente no usa mezclilla sino hasta que llega el último día laboral de la semana. Hoy, además de mis jeans, traigo unos converse que están ya medio rotos y que tenía mucho tiempo sin usar porque me he acostumbrado a utilizar zapatos bajitos y abiertos, con los que no necesito calcetines. En fin, están súper sucios y gastados pero me los puse. Todo porque quería recordar mi vida universitaria sin trabajo, sin complicaciones, sin nada.

Sin embargo, con mis jeans y tennis gastados visto una blusa azul con circulitos, escote en "v" y manga larga. Así estoy en el deja vu. Hace unos años, ésta era mi blusa favorita. Me la ponía todos los días -bueno, no tanto, pero muy seguido- y me encantaba.

Esta blusa me recuerda a la época de mi vida en la que sólo me dedicaba a estudiar.

jueves, 10 de abril de 2008

Aunque parecería que soy menos discreta con mis cosas, la realidad es que no. Tengo un pequeño grupo selecto a quien le cuento mis cosas personales. Lo recientemente ocurrido lo saben extraordinariamente pocas personas, de las cuales he recibido diferentes opiniones.

Ayer hablé con uno de los miembros de ese pequeño grupo, y me dio un punto de vista interesante: me dijo que simplemente no lo he dejado ir. Llevo seis años sin superarlo y sin dejarlo ir, y no soy la única en esta situación. La otra persona tampoco me deja ir. Se portó grosero, hostil, dispuesto a todo por humillarme, porque sigue lastimado...

pero eso es irrelevante. Finalmente yo sólo puedo hablar de mí porque no sé cuáles son los pensamientos ajenos. Yo soy la que tiene decidirse a dejarlo ir.

Esto se ha instalado en mis pensamientos y, ahorita, ni siquiera me deja dormir. ¿Cómo lo saco de mi vida? ¿Cómo dejo de darle la bienvenida?

martes, 8 de abril de 2008

Villa Guerrero- Un techo para mi pais

Voy a alejarme un poco del tema de mi amargura y decepción para hablar de la experiencia que acabo de tener en Villa Guerrero, Estado de México.

Fui como voluntaria de una ONG llamada Un Techo para mi País. Ya había ido una vez antes a Tabasco. Estuvimos una semana y contruimos dos casas por cuadrilla. Ahora fuimos sólo tres días y construimos una casa por cuadrilla. Diez casas por escuela. Cuatro escuelas en total.

Cuando uno está ahí se preocupa por la casa, por los niños, por la familia, y poco repara en que no va al baño porque no hay baño, o que comió frijoles y arroz porque la familia no puede comer carne diario.

Sin embargo, al cabo de tres días de convivencia uno regresa a casa, se baña en la regadera, come carne todos los días, usa ropa limpia. Se vuelve a bañar porque siente que la arena acumulada los tres días anteriores no se le quita...

No es que llegue la perspectiva. Llega el veinte. En la bañera uno mira atrás, al pasado reciente en que jugaba con los niños y piensa que ellos se divierten con juegos sencillos, sin juguetes, trepándose en los árboles y el mayor placer es que un adulto los cargue, los aviente al aire y los cache otra vez. No se lamentan porque no tienen dinero. Se lamentan porque no pueden comer fruta.

Me cayó el veinte de que dos gallinas son sólo cuatro piernas, dos pechugas, dos muslos cuatro alas, y que para ellos matar a dos gallinas para comer representa un sacrificio enorme. Y uno se lo come agradecido por el detalle pero con el shock de que un par de horas antes uno vio a las gallinas vivas y con la preocupación de que el agua está sucia, el ambiente es arenoso y uno tiene que aguantarse las ganas de ir al baño...

El mundo es distinto ahí. En la noche no hay alumbrado público, pero las estrellas se ven hermosas y, como somos tan pequeños, da la impresión de que los árboles las coronan. No hay pavimento, y el excremento de los animales se confunde con el de los habitantes de la población, porque sólo hay un hoyo lejano para deshacerse de los residuos que el cuerpo no quiere, y los niños no se aguantan hasta llegar allá.

¿El lenguaje? No sé si combinan dialectos con español, o si de plano no saben hablar español. Es espcialmente difícil entenderles. No sólo a los niños, a quienes naturalmente nos cuesta trabajo porque todavía no pronuncian bien, sino también a los adultos. Lo ven a uno como si fuera superior, como si fuera una falta de respeto hablar con los voluntarios.

Los adultos tienen dos años más que yo -yo tengo 21- y parecen cuarentones. Los niños tienen cinco y se ven de tres. Los niños tienen piel de cocodrilo porque no se bañan -no los bañan, mejor dicho- y tampoco les limpian los mocos. Sus sonrisas son sinceras aunque acartonadas por la mugre. Lilly, la chiquita, usa un vestidito hermoso, deslavado y percudido. Además uno puede saber qué ha comido en los últimos días porque los residuos de chocolate -que le llevaron los voluntarios, por supuesto-, frijoles, plátano y demás se almacenan alrededor de su boca.

No hay gordos. No hay suficiente comida para que estén nutridos, mucho menos sobra como para que cometan el pecado capital de la gula.

Son campesinos. Y seguramente los hijos serán campesinos, y sus hijos también. No se hacen entender ni tampoco entienden lo que hay que hacer. Hay barreras por todos lados.

Las condiciones en las que viven son un reclamo para la sociedad. Un reclamo, no obstante el alto porcentaje de personas que subsisten en condiciones indignas, ahogado en la desinformación y desinterés de quienes, ya sea por nacimiento o por superación personal, podrían tener más conciencia.

Ver a los demás nos abre los ojos. No hay por qué dejarlo todo y vivir en esas condiciones, porque no es justo para nadie. Es valorar lo que tenemos y contribuir ayudando a los demás a que aprendan a pescar, no a pescar sus truchas...

jueves, 3 de abril de 2008

Estimado lector:

Estoy muy dolida. Así que si quieres seguir leyendo, te advierto que mis temas pueden ser repetitivos y por demás hartantes.

Tengo mucho dolor y coraje. Tanto, para que te imagines, que si hubiera una cámara que filmara mi alma vería un espíritu que grita, en un long shot picado. Mi escenografía sería completamente oscura, y mi alma lucharía por no oscurecerse más. Sus gemidos son largos y agudos. Y el llanto que se cuela por la iluminación teatral pone en riesgo que mi alma se apague.

Así me siento. Y como no puedo gritar -no quiero despertar a nadie ni preocupar a mi mamá-, he decidido que este blog -mi mejor amigo por ya más de un año- sea el depositario de la antología de pesar que empieza ahora.

Es mi diario electrónico. Y como cualquiera puede entrar -tú, entre ellos-, entonces de alguna manera el hecho de que el blog sea público se convertirá en la analogía de mis gritos.

Las palabras serán el llanto electrónico, hasta que ya esté cansada de llorar y pueda pasar a otra cosa. Hasta que mi mente deje de envejecer si hablo de otros temas que no sean éste que hoy me arranca verdaderos sollozos y amarguras.

Nunca volveré. La que escribía ayer no es la misma que escribe hoy. Su pasado se ha esfumado. Cuatro años se perdieron de golpe. Como si tuviera amnesia. Como si no se hubieran generado recuerdos ni situaciones. Como si el tiempo me hubiese suspendido en una especie de limbo.

Sólo quiero gritar. No tengo nada que decir. Es posible que de tanto dolor que emana por mis poros sin dejar de salir, sin agotarse, se me olvide cómo hablo y recuerde nada más cómo lloro y cómo retumban mis alaridos en las paredes de esa alma que me han hecho pedazos.

Bajo tu propio riesgo, lector...

miércoles, 2 de abril de 2008

Hace poco escribí un cuento basado en una relación que tuve durante cuatro años. Hoy, después de seis años de trauma y de sufrimientos, entendí que aquella relación reflejada en mi cuento, así como todos mis dolores y mis nostalgias fueron un invento mío. De nadie más. Sólo de mi mente desesperada por aferrarse a alguien y algo que pasó y que no tiene retorno.

Tomó una llamada para entenderlo. La llamada más difícil de mi vida para que me abrieran los ojos. Porque yo sola jamás los hubiera abierto. Aquel parámetro del que me vanagloriaba, como si fuera lo mejor que me ha pasado, no me ha pasado. No hay tal parámetro. Aquel amor que sentía, se acabó hace un rato. Me duele que se acabara, me duele que todas esas ilusiones se cayeran, se fueran por la borda.

Al fin, todo lo que detenía mi pasado se ha esfumado. Se fue. Adiós. NO QUIERO QUE VUELVA. Ahora soy yo quien NO QUIERE QUE VUELVA.